Más tobara por docena

Voy a entregar docenas de temas de la música que nos alegran la vida, cada vez que pueda arrancando por

Laura no está y el beso de su cuerpooooo.

Backstreet Boys – Everybody

Provocame de los Chyanne

De toque te entra Wannabe de las Spice

Vilma Palma e Vampiros, el Auto Rojo

Yo no soy tu prisionero de los auténticos

Si te vas, de la chaquira

Ahora te puedes marchar del genio, ídolo, Luismi

El Orangutan y La Orangutana de Chico Novarro

levantando las manos, el simbolo

Esta la conoces como Siguruchá É o tchan ~ Segure o tchan

Juan Luis, la Bilirrubina

Caminando por China me compré un robot

En otra de esas aventuras aptas solo para cándidos literatos y charlatanes visionarios, separada de la realidad nada más que por la frágil barrera de las comillas, me encontré caminando por calles anegadas de orientales no uruguayos como Osvaldo, escapando de la intimación terrorista de los teóricos del absurdo y mirando vidrieras escritas al revés. Hasta ahí iba todo normal, paseo típico de vacaciones surrealistas en continentes alejados más allá de nuestras fronteras, con un guía que oficiaba de traductor, cámara al cuello, bermudas y sandalias beige, gorra temática y un asombro exagerado por cosas insignificantes de la vida cotidiana, en el shopping del momento.

Pero todo cambió, me fui acercando a vos, con suma precaución, midiendo cada paso retorcido en mi interior, enroscando historias inventadas, historias soñadas, copiadas tal vez, en una actuación que supera al Oscar al rey del drama, mirándote, esperando que me mires descuidada, rozándote al pasar, sintiendo tu perfume disimuladamente entre gente paseando excitada, acechando como caniche a pelotita de tenis.

No me animé.

Empecé por tratar de hacerme notar, me emborraché, canté por la calle y en la ducha, hasta me pasee con el calzoncillo a rayas por el hotel, forcé encuentros casuales y compre mascotas de pelos rizados. No puedo más. Cada vez que me acuerdo me pongo a llorar.

Me retiré, retraje mis pelos rizados a una clásica raya al medio, el futuro es sombrío y soy puro nervio, parezco un disturbio, aunque ya no lloro a veces suspiro, y en mis paseos ya no me acompaña un guían color beige, tan solo una sombra de frustración.

Freno y sigo.

Y después ya ven, soy Clark Kent, aunque algunos dicen que soy el producto más bruto del PBI.

Te volví a encontrar por aquellas calles paseando en monopatín presidida por una orquesta de vacas danzantes (o de vacas disfrazadas porque dudo que con sus cuerpos macizos, tengan la flexibilidad del baile) al son de Miguel Mateos. Me desconcerté, lo normal hubiese sido que yo estuviese cantando con esas vacas, así que me asusté. Cruzamos miradas, una interacción mucho más íntima que la permitida con extraños, por lo que nos tomamos de las manos y caminamos sin mirarnos ya, sin hablar, sin saber a dónde íbamos pero si por dónde. La gente seguía excitada a nuestro alrededor,asombrándose por todo, mirando para todos lados, otros (muchos) absortos en sus comunicaciones y esquivando obstáculos como con los ojos vendados, niños que corren divertidos, niños que se corren entre archivos y expedientes de adultos, producciones de Hollywood, gente hablando con almohadas que no responden, y nosotros, rebosantes de satisfacción en nuestra propia imaginación. Hasta que el camino se nos terminó. Nos miramos, sonreímos, soltamos nuestras manos y nos fuimos uno para cada lado.

Yo me compré un robot con el que paseo por Bacalao’s Beach.

Lassie

Las horas no llegaban a tener dos cifras aún y yo caminaba por los senderos de los bosques de Palermo. Miraba mi cara a través del reflejo de mi celular último modelo y acomodaba mi flequillo, un poquito para arriba, a la moda, como señalando la trayectoria de los rayos. Movía los hombros para acomodar mi porte y me calzaba los anteojos de sol. Beggars Banquet sonaba en los auricúleos que pendían de mis orejas.

Resabios de mujeres de la noche yacían sobre los postes que delimitan el camino automotor, recorrido aún por taxistas que no buscan trabajo. Mujeres de la noche que son decididamente mujeres, decididamente en batalla con su biología equivocada, decididas a ser mujeres a pesar del estigma y de los pocos trabajos que logran conseguir en la actualidad y perros. Perros que ladran sobre Mick a volumen exagerado, con distancia de segundas, en tiempos desfasados. Perros que te miran con polleritas cortas. Corren, corren alrededor de las camionetas que los trajeron a sentir la libertad ladran con ramas entre sus fauces y siguen golpeando sus patas contra la sucia tierra en cada entusiasmado paso de libertas, mientras su rellenas tetas rebotan al compás de su caminar y y y y te dicen papitooooo. Nadie te dice papito con tanto amor como un perro de pepa decidido a hacerse la comida vendiéndote un poco de su amor. Perros falderos que no le importa ya a quién pero tienen todo ese amor para darte, chupándote todo a más no poder, sin importar quién seas, querer quererte, querer un plato de comida al final del día para que le devuelvas su amor.

Hasta que el perro se cansa, saca la lengua y comienza a babear.

Cuéntame con quién soñaste ayer, con quién bailabas.

Entrecierra los ojos, aprienta los labios, uno sobre otro, ajusta las comisuras y así me mira, por encima de sus Ray Ban que intentan cubrir su retina para que no se cansen de tanto glamour.

Vos sabes que querés, vos sabés qué querés.

Unas calzas blancas que dejan poco lugar a la imaginacion. Una musculosa a la que no le falta nada por caer y dejar. Inequilibrio total, hermosa tensión, rodilla en alza, lo único que queda es detonarlo todo.

Melenas sacudidas por un qué se yo. Cenizas. Puntos rojos de cigarros en el cielo como estrellas, mirarnos una vez, sentir que estamos bien, sentir que estamos listos para ver.

Lavalle es la Calle, Juramento es el Pavimento. En patineta, en plena condición estamos a la espera de una misión

Me sacaron la muela. Un hilito de sangre constante cayó por 24hs de mi boca. Me faltan 3 que me las van a sacar todas juntas, fue una boludez. Pero hay tres temas: guan, no me dejan tocar la trompeta; tu, no pude comer nada por 24hs, mentira, helado me dejaban, pero a la hora 6 ya tenía el estómago destruido; tri, no puedo andar en bici.

¿Qué pasa con la bicla? Agarro Virrey Liniers ahí por Buedo, se transforma súbitamente en Billingurst en Almagro y me da ganas de comer Leberwrst. De ahí tenía que agarrar Córdoba, pero si vas derecho hasta ahí te alejas. LAVALLE ES LA CALLE. Vas por Lavalle y se transforma, clara y súbitamente, rectilineamente, en Córdoba. Pero tiene más baches que el culo de Moria Casan. Lavalle no es la calle. Lo mismo pasó con Juramento cuando quise ir de puente Saavedra hasta Montevideo y Corrientes.

Eso-

Hoy es bingo menemista

Llega el verano a la cote d’azur, y las mujeres se desmayan con mi calzoncillo a rayas, mira, mira, se vuelven locas cuando me pongo el zolcillonca rosa, empieza el calor, y las mujeres no paran de mirarme, relojean bultos a diestra y siniestra, la costanera se empieza a llenar de posibles modelos o muñecas, bebiendo en los bares del caribe, con sus pieles barnizadas brillando al sol, de la mañana hasta la tardecita, poderosos y lujosos autos empiezan a circular por las estrechas calles, con Kent al volante escuchando música a todos volumen, que bien podría ser cumbia sobre una moto en alguna pequeña perdida ciudad del interior, a los lejos se empieza a ver la actividad de los yates, que surcan el mediterráneo dejando pequeñas estelas blancas detrás.

Es sano, puro, perverso y bestial.

Si todos fuésemos así, seríamos todos traumados. Pero nos divertimos en cambio al verlos sentados esperar que pase Michael, tomando un copetín, picando un salamín, hablando cosas de vuelo bajo. Reina un ambiente de vacaciones que aun no empezaron, pero en todos lados el calorcito trae ese no sé qué de distensión, de alegría, que saca a los viejos (acá son todos viejos) a pasearse de la mano por las calles, abrigados como si estuviésemos en pleno invierno, saliendo al fin, que acorta los pantalones femeninos, que cambia el caminar de los hombres, que ajusta los slips y hace falsear sonrisas.

Yéndonos por las ramas, podríamos hablar de los erizos de mar que descansan en las rocas mentonascas, o de la merluza, de la alfarería, pero de ninguna manera podríamos evitar que los Dioses se rían de nosotros.Captura-de-pantalla-2012-11-22-a-las-16.31.32

Por algún motivo mis ideas se escapan por la besictriz de la vida, y me cuelgo de la tangente que refracta en el vidrio verde de la botella que me acompaña. Así que voy a dejar de escribir.

 

¿Y si no puedo más?

Gran semana la pasada, llena de proyectos, risas, actividad… Pero llegó el lunes, este lunes. Iba a escribir una nota sobre las calles de Buenos Aires y mis recorridos en bici: “Lavalle es la Calle, Juramento es el Pavimento. En patineta, en plena condición estamos a la espera de una misión“. Pero no puedo. ¿Y si no puedo más?

El terror me apresa el pecho, se me cierran los espacios, veo la sangre y la oscuridad. Hoy me sacan las muelas de juicio, me mutilan, me torturan y quién sabe… quizás me asesinan.

¿Y si no puedo más?

Ay morena, nena, nena

Hacía mucho tiempo que no pasaba por acá, un poco extrañaba, un poco no; o capaz era que no tenía nada para contar. Aunque eso hubiera sido un poco raro, ¿no?; todo el mundo tiene algo para contar.

Ok, ya sé “Uh está malflasheando, fijate la hora en que publcó”; pero uno no elige el momento en que de repente pinta.

Suelo dejar las reseñas literarias o cinematográficas a Rayos con mejor dicción, pero en estas últimas semanas dos situaciones de dos películas me quedaron resonando.

All of life is an act of letting go, but what hurts the most is not taking a moment to say goodbye”

Lo dicen en una película de la cual te hablaron. Sí, esa, la del tigre y un indio en un bote. A mí tampoco me parecía que iba a valer la pena, pero había que elegir algo tranquilo para ver. Tiene una buena mezcla entre cine americano basura y bollywood. Si todavía no la viste, te adelanto que podés agradecerle al universo que no termine con un musical.

monkonfire

 

Esta escena pasó hace mucho, bah, eso dicen, no te sabría decir, yo no estaba. Alegremente tres fuentes (aparte de wikipedia) me lo confirmaron (que esas tres fuentes estén manejadas por un mismo gran conglomerado multinacional quedará para otra Nota Rayo). Pero lo que más me llamó la atención no fue la foto en sí, sino cuando leyendo un poco más, encontré que ese monje que se prendió fuego a sí mismo en Vietnam en el 63; protestando contra la guerra, no fue considerado un suicida por sus pares. Para que así lo fuera debería haber sido alguien con falta de coraje o con problemas para afrontar las dificultades, alguien sin esperanza. Cuando en realidad, no creían que fuera un hecho autodestructivo, sino la demostración última de que lo que se estaba diciendo era de extrema importancia. Algo así como resaltarse a uno mismo, con un fibrón de nafta y fuego…

Basta para mi, basta para todos.

Sinfonía a tu Boca

Esto no se apaga, esto no se calla, yo te susurro al oído como viejo desenfrenado, que Los Rayos te pegan una vez y te dejan turulato.

Me hice un chapati. El otro día una de esas mujeres que le gusta decir verdades me dijo “Uno (uno son todos, es vos, es yo, es ella, es michael, uh, tan fría como un esquimal, yo sé que estamos mal, pisamos la banana para atrás) cuando se va de viaje se adapta a ciertas situaciónes que en la ciudad no podría aceptar”. A mí a veces me sucede lo contrario, a uno le sucede, parece. Uno se adapta a viajar apiñado, a tener siete cosas que hacer en el mismo horario, a que le rompan las pelotas por boludeces, a que le hagan chistes que le parecen poco graciosos y reir por costumbre, a no saludar a desconocidos, a no ver colores tranquilizantes a la retina (el verde y el azul, colores que bien podemos encontrar en un viaje, producen un efecto físico sobre la retina que la hacen… podríamos decir vibrar… a mucho menor frecuencia que colores como el rojo y el amarillo que producen la ansiedad de cualquier local de una megaempresa), a no cocinar, a despertarse por ruidos y no por sonidos, a no ver a tus amigos en cada comida. Y lo deja pasar, uno lo deja pasar como diarrea líquida.

La colgue y se me quemó el chapati.

La papa y la berenjena crecen por la noche

Estaba el otro día reposando tranquilamente en la playa, alejado de paparazzis y prepizzas, dejando que mi mente vuele cual gaviota en celo por sobre el azulado mar azul, como este amor, derritiendo la libertad y, por qué no, la realidad entregándome a embriagadoras reflexiones sobre el ser y la nada, sobre estas latitudes (algún día les hablaré de ellas, si no lo he hecho aun), cuando de golpe, con la subida de la marea, llegó a mis pies una papa. Si, efectivamente, una papa Ratzinger, que estuvo a la deriva por el mediterráneo, vino flotando hasta mi. Estando en un país donde la papa era mal vista, sin anteojos, sin cuidados, dónde estuvo prohibido hasta su cultivo, y que luego, por un tipo que estuvo preso en Prusia, convirtiose en un alimento casi venerado, su arribo me hizo dar un vuelco en mis creencias. 

Me puse a averiguar un poco sobre los camellos y los hipopótamos, y cuando me aburrí, volví a pensar en la papa. ¿qué tendrá la papa? ¿Qué tendrá el Papa (de San Lorenzo… triste, Jesús seguro era de Boca)? ¿Qué papá tendrá la papa?

En medio de mi intensa investigación, decidí salir de noche a pasear un poco, caminar, relajar mi mente de su arduo trabajo. Era una noche linda, muy agradable, con una gran luna redonda que con su sonrisa iluminaba mis caminos, sin más viento que la leve brisa marina, las parejas caminaban bajo los faroles de la costanera tomados de la mano, los vagabundos por la playa tomados, jóvenes casi rebeldes reunidos en grupos sobre escaleras poco iluminadas, turistas con sus mapas desplegados dando vueltas sobre si mismos, y yo. En ese clima, vi entre los cercos medio abandonados de una casa, una pequeña cara que me observaba. Le resté importancia y seguí caminando. Al pasar por una alcantarilla, unos pequeños ojos sobre una cara medio redonda, se clavaron en mi, y mientras, pasó rodando por enfrente una alargada berenjena con sus ojos sonriendo de maldad. Empecé a aligerar el paso, mirando nerviosos a mi alrededor, observando preocupado esas caras redondas que se asomaban por todos lados, cuando de golpe me encontré encerrado en la playa, con la marea que me amenazaba por un lado con su incesante avance, y con las papas y las berenjenas acechando por el otro. Desesperado, miré para arriba, y ahí estaba, guiñándome el ojo con su mirada maligna; comprendí todo.

 

La guarida de la Papa

La guarida de la Papa

Los franceses tenían razón. Parmentier era un agente del mal, la papa tiene la grandeza del mal, el hermoso sabor de lo prohibido, de lo indebido.

La papa y la berenjena crecen por la noche, influenciadas por la energía de la luna, la luna asesina.